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El otro día me dio por leer, sí soy policía y me gusta leer no sólo dar gomazos, y como además soy un poco especial al escoger mis lecturas, me leí las declaraciones de dos Agentes de la Autoridad, una la de un Policía implicado en el genocidio de aborígenes australianos, en el poblado de Telemon (Australia), otra la de un Comandante del campo de Treblinka (Auschwitz). Ambas declaraciones se producen a posteriori de los hechos, y en comisiones de investigación.

Evidentemente no quiero comparar estos casos gravísimos con la situación actual de la Policía, pero reflexionando me pregunté ¿Realmente pensamos lo bastante cuando nos dan una orden? ¿Entendemos el alcance de nuestros actos? ¿Estamos obligados a obedecer todos los mandatos, a veces absurdos de la superioridad?, y en otro orden de cosas ¿Cuándo prejuzgamos al ciudadano por razones de raza o sexo no reducimos nuestra calidad tanto como personas como servidores del orden público? Ahí lo dejo, creo que para iniciar un debate no está mal.

Pero pasando a mi reflexión, lo primero que me llamó la atención en ambas declaraciones es la ausencia de culpabilidad por el comportamiento homicida de ambos agentes. Ambos se justifican de la misma manera, cumplen órdenes, y eso es lo normal.

También coinciden en la despersonalización de las víctimas, nunca las ven como individuos, pero los motivos en ambos casos son diferentes.

Si analizamos en primer lugar el caso de Telemon y los aborígenes australianos, el policía se siente parte de una raza superior, para él los indígenas son animales, con poca inteligencia, sin capacidad de raciocinio, no son personas, por este motivo la ley impuesta por los colonizadores extranjeros no les hace merecedores de una personalidad jurídica, no tienen ningún tipo de derecho ni como personas ni respecto a sus propiedades, entendiendo que el exterminio de esta etnia es algo positivo, algo bueno para la evolución de la especie.

Si analizamos los delitos, desde un estricto punto de vista jurídico, cometidos contra los aborígenes australianos, tendríamos:

  •   Asesinato. (Con armas, venenos, hambre…)
  •   Detenciones ilegales, y secuestros (sobre todo de menores, con el fin de reeducarlos).
  •   Delitos contra la libertad sexual. En cuanto a la relación víctima-victimario es casi inexistente, no hay convivencia entre ambos, el policía no conoce, ni le importa cómo son sus víctimas, de hecho opina que la única forma de escarmentarlos es por la fuerza, ya que no les supone inteligencia humana alguna. No los ve, sólo corren delante de él, su trabajo es perseguirlos y exterminarlos.

    En segundo lugar paso a las declaraciones del Comandante de Treblinka, y observo algunas diferencias con la declaración anterior.

    En principio, las víctimas tienen la misma cultura que el victimario, incluso su aspecto, o el idioma que hablan puede ser el mismo, la única diferencia es que las víctimas profesan otra religión (judaísmo), son discapacitados, homosexuales, de etnia gitana, o con ideas políticas contrarias al

régimen. Es este aspecto lo que les hace indeseables y en esto se apoya la necesidad del exterminio. No son reeducables.

Al contrario que los aborígenes, los desplazados a los campos de concentración, si tienen derechos civiles, pero son sometidos a rituales de iniciación al campo, donde se les despoja de ellos, además de sus propiedades. El motivo de hacerlo, es para que los verdugos no les vean semejantes a ellos, y puedan cumplir sus cuotas de exterminio, es más duro asesinar a un semejante.

Si pasamos revista a los delitos perpetrados en los campos de concentración, podríamos confeccionar la siguiente lista:

  •   Detención ilegal. Al prisionero se le priva de la libertad de obrar, impidiéndole la deambulación libre y la libertad de hacer. También se le priva de la libertad de querer, se anula su voluntad.
  •   Los prisioneros son sometidos a coacciones, amenazas, torturas, vejaciones, violaciones, prácticas médicas no consentidas, con total alevosía, sin posibilidad de defenderse.
  •   Se produce un robo de identidad, se les aliena, tatuándoles un número que sustituye su nombre.
  •   Se comete delito de asesinato, en todas sus formas y agravantes.
  •   Se cometen delitos contra la propiedad, se les despoja de todos sus bienes, tanto muebles como inmuebles (estos con anterioridad, cuando son trasladados).
  •   Se profanan sus cadáveres.

    A parte de esto, la convivencia víctima-victimario es más estrecha en el campo que en el caso australiano, porque no todos los prisioneros son ejecutados nada más llegar, hay que verlos, pasarlos lista, clasificarlos para el exterminio o el trabajo, esto implica una inmediación que en el otro caso no existía. Una dificultad añadida para los exterminadores.

    En cuanto a la forma de asesinar a las víctimas, en el caso de Auschwitz, más que visceral, como en Telemon, es fría, premeditada, siguiendo cuotas y cálculos; además se perpetra con alevosía, se desnuda a la víctima, se la conduce con engaños a una cámara de gas, se la encierra,… en definitiva se priva a los prisioneros de cualquier posibilidad de defensa.

    Los prisioneros no son vistos como individuos, son percibidos como una masa, aún peor como una mercancía, algo que hay que procesar, y que una vez muertos son basura. Un subproducto indeseable de toda cadena de producción. Pero tampoco la ganancia económica es lo más importante, lo deseado es el genocidio de una raza considerada indigna, débil, impura, inferior.

    En conclusión, en ambos casos las ideologías que llevan a decidir el exterminio de una colectividad, se apoyan en la supuesta inferioridad de las personas asesinadas.

    Realmente tras leer estos casos me alegro de ser un Policía actual, en un sistema democrático, donde tanto mis derechos como los de los ciudadanos están garantizados por leyes, por eso aunque a veces me sienta injustamente tratada por los ciudadanos, por mis jefes o por los jueces me sentiré orgullosa de mi profesión, que espero que entre todos dignifiquemos.

    MALLEUS INTOLERANTIS